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Música Con Criterio

El director de la discordia: Wes Anderson.

En una época como la que vivimos de sobreinformación y donde todo el mundo puede expresar sus opiniones gracias a internet, es difícil que la gente se ponga de acuerdo en sus preferencias y cada vez es más difícil encontrar la unanimidad en las nuevas propuestas artísticas. Aunque pienso que esto no debe de ser algo completamente nuevo, pues no me creo que cuando se estrenó Ciudadano Kane toda la crítica la aplaudiese al unísono. Y como ejemplo más claro no hay más que mirar la indiferencia que suscitó “Blade Runner” en su estreno (muchos críticos aún deben estar escondidos debajo de una piedra) y el fervor casi religioso que suscita ahora.

Uno de los directores actuales que más discrepancias está generando es Wes Anderson. Este director nació en Houston en 1969 y estudió Filosofía en la Universidad de Texas, donde conoció a su amigo Owen Wilson. De esa amistad surgió el que sería el guión de su primer cortometraje “Bottle Rocket”. Se ha convertido en el emblema de la generación de cineastas norteamericanos independientes que vio la luz a comienzos de los años 90. A Anderson se le suele incluir dentro de la denominada Nueva Comedia Americana, donde también destacan los realizadores Alexander Payne (“Entre Copas”, “A propósito de Schmidt”), Paul Thomas Anderson (éste ya reconocido por los grandes medios gracias a “Magnolia” y la reciente “Pozos de Ambición”), o Todd Solondz (“Happines”, “Bienvenidos a la casa de muñecas”), y los actores Ben Stiller, Will Ferrel o Jack Black. La mayor característica de esta generación es un peculiar sentido del humor, o como dice Jordi Costa: “su poshumor sería el fruto de la perplejidad del espectador frente a una respuesta pretendidamente cómica”. O para que nos entendamos, los herederos directos de gente como John Landis (“Los Blues Brothers”) o Blake Edwards (“El Guateque”, “La Pantera Rosa”). En cuanto a los actores el ejemplo más claro podría ser el gran Peter Sellers o más recientemente Bill Murray (un actor que como veremos sigue en plena vigencia).

El estilo en concreto de Anderson se podría resumir en una cuidadísima puesta en escena, con un gran sentido del detalle y la contraposición de colores; una exquisita elección de la banda sonora, donde conviven los Rolling Stones y The Kinks con música árabe o brasileña; la recreación de un universo siempre único sobre un marco aislado y dotado con sus propias leyes; el equilibrio entre comedia y pesimismo, con un sentido del humor muy cuidado aplicado a situaciones delicadas (como es el intento de suicidio); y la predilección por unos personajes pintorescos encerrados en sí mismos con incapacidad de encajar en el mundo real. Sus detractores, sin embargo, le acusan de ser un mero fabricante de historias entretenidas pero insustanciales, unos chistes que no pasan de lo simpático en el mejor de los casos, pero sobre todo de su afán de ser trascendente en unas películas con una impecable factura visual pero vacío en su contenido. Estas acusaciones no sólo se quedan en él, sino que son los mismos reproches que se hacen a autores “pijos” de su generación como Sofia Coppola o la española Isabel Coixet.

Su primera obre fue “Ladrón que roba a ladrón” (1996), un filme que es la puesta de largo de su primer cortometraje “Bottle Rocket”, con la misma trama y los mismos personajes. En España no llegó a ser estrenada en pantalla grande y se lanzó directamente en vídeo, pero hoy en día aún es difícil localizarla. La historia la crearon a tres manos, el propio Anderson, Owen Wilson y su hermano Luke, y supuso el despegue de sus respectivas carreras (Owen, en estos momentos recuperándose de su intento de suicidio…). Narra la vida de dos amigos que recién salidos del manicomio que ingresaron voluntariamente, intentan alcanzar algunas de sus sueños y para ello terminan metidos en el mundo del crimen. Como es de esperar, los personajes al final de la cinta habrán llegado a una meta pero la que ellos se habían planteado. Esta es la premisa de todas las películas de este director: los sueños frustrados, y como conciliarse con el presente. La primera hora mantiene un listón muy alto, con escenas memorables como la huida del manicomio y el atraco a la librería. Después decae, pero el final vuelve a ser magnífico (es especialista en esto). Aunque le falta ritmo y el nivel de complejidad es aún menor, su estilo ya comienza a estar muy presente. Destacables son la actuaciones de los dos protagonistas y sobre todo de un gran James Caan. De este último poco queda por decir, pero Owen Wilson merece estar entre uno de los mejores cómicos de sus generación como posteriormente demostraría con la obra maestra que es “Zoolander” (2001) de Ben Stiller.

Tan sólo dos años más tarde dio forma a la que es una de sus mejores obras: “Academia Rushmore” (1998). En ella descubrimos a Max Fischer (interpretado por Jason Schwartzman) un estudiante (entre entrañable y repelente) de una pija universidad americana, que se enamora de una de sus profesoras, pero la cosa se complica cuando su amigo, el profesor Blume (Bill Murray) también la quiere conquistar. Aquí el director ya da rienda suelta a todo su ingenio y nos regala una inteligentísima comedia ácida sobre la juventud (pero desde un punto de vista muy adulto) y, por supuesto los sueños incumplidos. Si algo hay que destacar (aparte de su siempre impecable puesta en escena) son los maravillosos personajes, que siendo unos egoísta despiertan una gran ternura, y unos diálogos que lejos de ser empalagosos son muy emotivos. Hay que reconocer que los actores están a la altura, destacando a Bill Murray y Jason Schartzman, que aquí comenzarían su fructífera relación con Anderson: el primero como actor fetiche y el segundo como coguionista (también ha hecho buenas migas con la familia Coppola. Se podrá decir que ha pegado un pelotazo).

Con “Los Tenembaums. Una Familia de Genios.” (2002) tocó techo. Si en su anterior trabajo creaba un maravilloso trío protagonista, en esta ocasión nos regala una familia entera, con un reparto espectacular (Gene Hackman, Ben Stiller, los hermanos Wilson, Anjelica Houston, Gwyneth Paltrow…). Tras un genial prólogo con los acordes de “Hey Jude” de los Beatles, nos presenta a estos peculiares personajes. Los hijos prodigio: un tenista depresivo, un prometedor empresario inventor de los ratones dálmatas, y una decadente dramaturga. Los padres: ella paleontóloga responsable y él un patriarca crápula vividor. Pero el paso del tiempo no trata a todos bien por igual, y aunque intenten cambiar el pasado, nunca lo lograran: las heridas siguen aún abiertas. Anderson describe diálogos y situaciones sin buscar la risa fácil y sin caer en la parodia ni la crueldad, pero realiza una hermosa comedia (en el estilo clásico de la palabra) que en el fondo trata del amor, muerte, soledad, cariño… Es decir, los grandes temas universales del ser humano.

Una vez consolidado en el panorama cinematográfico, Anderson llevó a cabo unos de sus proyectos más ansiados, “Life Aquatic” (2005). Otra vez con un gran reparto, en el que repiten muchos de sus habituales, pero que además incluye a Willem Fafoe. Un lujo. Es la historia de una especia de Jacques CousteauHenry Sellick (“Pesadilla Antes De Navidad” 1993) para recrear las especies marinas. Y, por supuesto la BSO, que rescata temas del primer David Bowie originales y otros interpretados por Seu Jorge en brasileño. Mención especial merece el tema de Sigur Ros en la escena del tiburón, pues no se me ocurre una música mejor para acompañar esas imágenes. Por el contrario, se trata de su obra más pretenciosa (en el mal sentido de la palabra) y a parte de perder mucho fuelle en la recta final, tiene momentos muy forzados. De todas maneras, una película con un encanto que es difícil resistirse. (interpretado por Bill Murray) que busca la existencia de un mítico tiburón acompañado por su estrafalaria tripulación (que no deja de ser otra de sus familias disfuncionales). Este tema ya le venía dando vueltas desde tiempos de “Academia Rushmore”, donde un acuario ya tenía una gran importancia en el guión. El resultado es su filme más desigual, en el que encontramos algunos de los mejores momentos de su carrera con otros de nivel inferior. A favor de la balanza decir, que su estilo visual ya está completamente formado (y alejado a años luz de los demás), llegando su cumbre, que es la hermosa escena final cuando toda la tripulación, por fin, descubre el gran tiburón. Hay que destacar también el excelente trabajo de

Normalmente, a partir de la idea de un corto se desarrolla un largometraje, pero en su último trabajo, Anderson ha hecho lo contrario. A raíz “Viaje a Darjeeling”“Hotel Chavelier” (2007), para contextualizar uno de los protagonistas de la película (Jason Schwartzman). En ella nos cuenta el reencuentro, en una habitación de un hotel de París, de una pareja de relación imposible que no pueden estar ni juntos ni separados. Uno de los alicientes para verla es la oportunidad de ver a la bella Natalie Portman desnuda, resaltada por una hermosa fotografía y una efectiva cámara lenta. Para algunos merece la pena más este corto que la película completa. Puede que no les falte razón. Pero si algo me quedo de esta obra es la genial utilización de la canción de “Where do you go to my lovely” de Peter Sardstedt. (2007), se le ocurrió rodar una pequeña historia llamada

En “Viaje a Darjeeling”, vuelve a reincidir en su apuesta formal para construir un relato que aúna todas sus virtudes (y también sus defectos). En él nos muestra el viaje de tres hermanos a la India para recuperar su confianza y reencontrarse con su madre, es decir otra excusa para mostrar familias que buscan su reconciliación. El Filme tiene momentos brillantes (el cameo de Bill Murray, las disputas de los tres hermanos, la relación con su madre), pero es inevitable caer en la sensación que los mecanismos de representación, el desarrollo de personajes y la temática son demasiado parecidos a toda su obra anterior. Sin embargo, una vez más Anderson sale victorioso y es imposible salir del cine sin la idea de haber visto una historia entrañable, única y fascinante.

En estos momentos sus fieles seguidores van a seguir adorándolo (en los que yo me incluyó) y sus detractores siempre tendrán motivos de sobras para criticarle (si son bien razonados, no les faltan). Pero lo que es indudable es que mientras sigue habiendo directores tan personales, innovadores y, por supuesto, que sean capaces de generar opiniones contrastadas, el cine seguirá siendo el fascinante séptimo arte. Ahora sólo nos queda esperar a ver que nos ofrece en su nuevo proyecto, “The Fantastic Mr.Fox”, un filme de animación en el que adapta al también genial Roald Dahl.

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